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Editorial
Número 8
Todo se aprende

La enseñanza del fútbol, como parte principal del trabajo del entrenador, debería abstraerse influencias externas y mezquinas e quienes rodean a este ambiente, en todas las edades de los futbolistas desde pequeños, cuando comienzan a patear un balón, comienzan a padecer, del deseo voraz de triunfar. El público, en estas edades, cree que desde su ubicación puede manejar a gusto, a su hijo o equipo, gritando y gesticulando, quitándole la iniciativa, la decisión, el razonamiento de la acción y el aprendizaje del error, la famosa "experiencia".

A medida que los niños crecen, el entusiasmo de quienes lo siguen también crecerá, pero esto (gracias a Dios) sucederá hasta que él entra en su adolescencia, en donde declina la intromisión de los padres hacia el niño, debido a la rebeldía del mismo, pero sus desbordes cambiarán el objetivo: el árbitro, el técnico, el rival, etc.

Hay de los entrenadores que creen que ganar es lo único que importa y el resultado del trabajo. Que cuando se gana esta todo bien y cuando se pierde todo mal.

Todos pueden aprender como realmente debe ser. Primero acompañando y no interfiriendo al niño. Esto es muy fácil de corregir, si se hace desde el primer día que trajeron al niño, siguiendo valorando el trabajo semanal, buscando mejoría individual, para obtener mejoría colectiva, trabajando con todos los que componen la planilla de la misma manera.

El tercer punto será que los objetivos a plantearnos en las competencias deben ser técnico- táctico y de comportamientos sociales.

Si tenemos en cuenta estos puntos, nunca perderemos, ya que siempre habremos mejorado en algún punto.

Equilibrio: es la palabra que resume la personalidad y las actitudes de quienes estamos al frente de un grupo.

"No somos los mejores cuando ganamos, ni los peores cuando perdemos".